Semblanza de la casa
Una dinastía de origen catalán, donostiarra de adopción, en nuestra línea familiar, 1731–1951 — de mercaderes de Copons a banca privada e imperio del algodón, y las cosas curiosas que soltaron los archivos.
Las caras de la casa
La foto de los dos hermanos mayores —José Manuel, que llevó el banco, y Ramón, que llevó la fábrica de Oria— procede del fondo fotográfico de su sobrino José «el Fotógrafo» (Archivo Real y General de Navarra, fondo José Brunet); el del Fotógrafo es un autorretrato; el de Alfonso —nuestro antepasado directo, el ingeniero del esparto—, de un estudio sobre la fábrica de Cieza (ingenioytecnica.org / revista Andelma, 2023); el de Guillermo, del Álbum Gráfico de 1914. Los hermanos fundadores, José y Francisco, abren la sección I.
Los Brunet no llegaron banqueros: llegaron mercaderes. Venían de Copons, un pueblo de la comarca catalana de la Anoia que en 1787 tenía apenas 468 vecinos y que, sin embargo, soltó por toda España cerca de trescientos comerciantes entre 1700 y 1819 — una de las diásporas mercantiles mejor estudiadas de la Cataluña moderna. Copons no hacía transporte: hacía negocio — vendía género catalán tierra adentro, primero como buhoneros ambulantes y luego asentándose con tienda y almacén, con una disciplina de honradez y austeridad para ganarse la confianza castellana. San Sebastián era una de sus plazas: una célula de diez casas coponenses, la tercera del norte.
Ahí encajan nuestros fundadores. Los tres hermanos —hijos de un Brunet de Copons nacido en 1731— llegaron a San Sebastián a finales del XVIII «con escasos medios económicos»: tan pobres que no se firmaron capitulaciones «por ser poco o nada lo que se aportaba». No llegaron como extraños, sino como la célula más nueva de una red familiar de dos generaciones — sus parientes Segura y Vidal recorrían la misma ruta vasca.
Los hermanos fundadores
Lo que traficaban era el mundo atlántico: azúcar de Cuba, cacao de Guayaquil y Caracas, canela de China, pimienta, barras de hierro y pieles de cordero para Londres, por el puerto franco donostiarra. Y ese comercio de ultramar ya era, en el fondo, banca: se vendía a crédito, se giraban y descontaban letras, se acumulaba una cartera de deudores. El incendio que arrasó San Sebastián en 1813 —en el que pereció hasta la dote de la mujer de Francisco— empujó a la casa hacia el préstamo y los bienes raíces; las guerras la hicieron financiera del común. De tratantes pasaron a prestamistas, y de prestamistas a banqueros. Y a la vez se hicieron hombres de la ciudad: José, alcalde constitucional en 1823 y presidente de la Junta de Beneficencia en 1841; la hidalguía para los dos hermanos en 1827; y ya su hijo, el Patriarca, alcalde en plena guerra (§II).
La prueba de que el salto estaba consumado es el balance general de la Casa de Comercio de José y Francisco Brunet, del 31 de octubre de 1823 —transcrito por Gárate Ojanguren desde el protocolo notarial original—, que ya se lee como el de un banco. De un activo de 4,91 millones de reales, 2,09 millones —el 43%— eran cuentas corrientes de clientes: depósitos de terceros que la casa tenía y prestaba. El resto, una cartera diversificada —financiación del estanco de tabacos (10%), mercancías coloniales, bienes raíces, papel de crédito y barcos— sobre una deuda llamativamente baja: el pasivo era solo el 16% del activo. El capital neto, 4,14 millones de reales de vellón (≈1,0 millón de pesetas). Una casa líquida, conservadora y financiada con depósitos — el perfil que después autofinanciaría un conjunto industrial entero.
El banco dentro de la casa — composición del activo, 31 de octubre de 1823
reales de vellón · total 4.906.312 · fuente: Gárate Ojanguren, BEHSS 24 (1990), de A.H.P. Gipuzkoa, Oñati, Leg. 33
La banca se formalizó y creció. En 1862 la familia cofundó el Banco de San Sebastián, un banco de emisión con cédula (1862–1874): Fernando de Brunet fue uno de solo cuatro hombres nombrados en el Real Decreto de concesión, y cinco Brunet figuraron entre los socios fundadores — una participación que la familia llevó luego al Banco de España durante dos generaciones más (los estatutos del banco y sus 23 memorias semestrales sobreviven, gratis, en ese archivo). La casa se recapitalizó una y otra vez: «José Brunet y Cía» con un fondo social de 1,1 millones en 1889, duplicado a 2 millones, y desde el 31 de diciembre de 1901 «Brunet y Cía, Sociedad en Comandita», con un capital que alcanzó los 4 millones de pesetas en tres ramos declarados — banca, textil y especulación—, la banca dirigida por Luis Gaytán de Ayala y la fábrica por Guillermo Brunet (nuestro antepasado directo).
El capital de la casa en cuatro hitos
el capital bancario-comercial componiéndose a lo largo del siglo XIX
Una casa que funcionó durante dos siglos sobre libros de cuentas, redes de corresponsales y el juicio de a quién dar crédito.
Si una sola persona convierte esta historia en una casa y no en una lista de negocios, es José Manuel Brunet Prat «el Patriarca» (San Sebastián, 1806–1892). Estuvo más de medio siglo al frente de la casa — la tomó de su padre, cofundó un banco de emisión, sembró las fábricas y la dejó montada para sus nietos.
Fue mucho más que un banquero. Alcalde de San Sebastián entre 1838 y 1841 —en plena primera guerra carlista, con la ciudad sitiada—, había entrado de concejal en 1834; llegó a senador (1872–73). Por Real Orden de 1837 fue vicecónsul británico, y a la vez agente consular de los Estados Unidos — la casa era el enlace de dos potencias en la frontera. Presidió la Sociedad del Puerto de Pasajes, regentó desde 1842 la papelera La Esperanza en Tolosa, y aún tuvo humor para lo suyo: «el filarmónico José Manuel de Brunet» puso música a un zortziko en 1841. Se casó con Manuela Bermingham y Echagüe en 1829, tuvo ocho hijos, y murió a los 86 años, «jefe de la casa» hasta el final.
Bajo él, la casa dio su gran salto. Cuando entró en la casa de su padre, hacia 1824, era todavía una casa de comercio colonial; cuando murió, era un banco con fábricas. Suyo fue el giro industrial: montó la papelera La Esperanza (1842), respaldó el arranque de la fábrica de algodón de Oria (1845–48) y en 1862 la familia cofundó el Banco de San Sebastián. Y ató la casa catalana a la élite donostiarra, casando a sus hijos con los Bermingham, los Goitia y los Churruca — la vieja red de Copons, ahora vasca.
Y construyó la sede del banco. En 1872 —el mismo año en que juró su acta de senador— levantó dos casas gemelas en la manzana nueva del Ensanche, sobre la Avenida: la de la esquina con la calle Churruca (hoy nº 20) y la contigua (hoy nº 18). Los planos los firmó él mismo —«José Manuel de Brunet», de su puño— y los dirigieron los arquitectos Manuel Urcola y Domingo Eceiza. En el portal del nº 18 instaló el «Escritorio Brunet», el despacho desde el que la casa hacía su banca —recibir depósitos, descontar y girar letras, llevar la cuenta con los corresponsales—; la familia vivía sobre el 20. La casa hizo, literalmente, el edificio de su propio banco.
La casa de la Avenida — la sede que levantó el Patriarca en 1872
El portal del nº 18, 1952 — el escritorio Brunet, un año después de la absorción
La misma ciudad, el mismo apellido, cuatro cosas distintas
¿Podía entonces tomar depósitos? Sí — de hecho, ese era el corazón del negocio (el 43% del balance de 1823 eran depósitos de clientes). La diferencia con un «banco» no estaba en captar dinero, sino en la forma (una firma familiar, no una S.A.) y en el privilegio de emitir billetes, que solo tuvieron los bancos de emisión hasta 1874 y luego, en exclusiva, el Banco de España. El modelo de la casa era vivir del diferencial: pagaba poco por los depósitos y ganaba descontando letras, prestando, cambiando divisa con sus corresponsales de Nueva York, Londres y París, cobrando cupones y financiando sus propias fábricas. Cuando la Ley de Ordenación Bancaria de 1946 congeló el sector —ni bancos ni oficinas nuevas—, crecer solo se podía comprando una casa local: por eso el Zaragozano se quedó con Brunet en 1951, y el despacho del Patriarca siguió abierto, ya como sucursal ajena.
La casa hizo su propio edificio de banco en 1872 — y ese portal sigue siendo un banco hoy, ciento cincuenta y tres años después.
En su madurez, la pequeña casa donostiarra se codeaba con gigantes. Sus corresponsales declarados eran el National City Bank de Nueva York, el Midland Bank de Londres y el Crédit Lyonnais — una banca privada de provincias compensando papel en tres capitales financieras.
Su mejor activo pudo llegar disfrazado de pérdida. Cuando el Estado nacionalizó la emisión de billetes en 1874, la participación familiar en el Banco de San Sebastián se canjeó a la par por acciones del Banco de España. La serie oficial 1879–1922 suma 4.778 ptas de dividendo por acción: un 21,7% medio sobre el nominal original, métrica distinta de una rentabilidad anual total. La cotización de 1922 fue 595% del nominal; una venta a ese precio es un escenario, no una enajenación documentada.
Banco de España: dos métricas, dos significados
% · dividendo medio sobre nominal frente a TIR nominal con venta final hipotética
Y como la ley española obligaba a publicar a los clientes de un banco, la casa aflora en los anuncios de sus clientes aunque sus propios libros se hayan perdido — banquero y depositario del Casino de San Sebastián (dieciséis balances anuales impresos), agente de las acciones de la Sociedad del Puerto de Pasajes (capitalizada por los hermanos Pereire de París) y, un detalle favorito, el lugar donde se pagaban las acciones de una plaza de toros de Guatemala, «en la casa de J. Brunet y Compañía». Terminó sin ruido: absorbida por el Banco Zaragozano en agosto de 1951, reabriendo las puertas con el nombre nuevo ese mismo mes — el último acto del banco más antiguo de la ciudad.
El capital bancario tenía una salida: una fábrica de algodón en Oria (Lasarte), fundada en 1845 y en marcha desde 1848; cerró en 1986 y fue derribada en 1993 — casi siglo y medio junto al río. Era todo un pueblo-fábrica: colonia obrera, iglesia, escuela, y una presa y un canal de 1845 que siguen en pie. Y tuvo un dueño de carne y hueso: Ramón Brunet Prat «el de Oria», hermano del Patriarca, que la dirigió en persona — vivía dentro del recinto, en «Brunet etxea», y allí murió en 1891. Si el banco fue de José Manuel, la fábrica fue de Ramón: la fuerza viva de Oria.
La fábrica hilaba y tejía algodón y, según su catálogo de 1926, ofrecía sábanas, almohadas, colchas y mantelerías de crepé, además de tela de alpargata, lonas, guineas y cutí. «Antílope» fue una de sus marcas duraderas. La única factura localizada, de 1918, documenta 31 metros de «tela blanca» a 4,15 ptas/m vendidos a María Brunet Vda. de Prat, una parte relacionada. Sirve para explorar escenarios de contribución bajo supuestos explícitos de peso, rendimiento y coste del algodón; no identifica la tela como Antílope ni permite calcular un margen neto. Hacia mediados de los años 20 la casa vendía por doce depósitos peninsulares, reducidos a ocho en 1934.
Escenario parcial por metro de «tela blanca» — 1918
factura a parte relacionada (4,15 ptas/m); peso, rendimiento, jornal y gastos son supuestos
Oria en cifras — un siglo de escala
| Año | Obreros | Husos | Producción anual |
|---|---|---|---|
| 1848 | 200–250 | — | ≈350 t de hilados y tejidos |
| 1894 | ≈450 | 4.800 | 280.000 kg de algodón en rama (≈360.000 ptas) |
| 1900 | 300–400 | 7.492 +48 telares | tintorería y blanqueo propios |
| 1914 | 320 | 7.492 | ≈350.000 kg/año |
| 1924 | 308 | — | 205.000 kg de tela + 12.000 de hilados |
| 1947 | 400 (máx. ≈650) | — | plantilla por secciones |
El brazo textil tenía su propio capital: «José Brunet y Cía» se constituyó en 1889 con 1,1 millones de pesetas de fondo social, y hacia 1901 el conjunto de la casa llegó a 4 millones. El gerente de la fábrica cobraba 10.000 ptas al año; el de la banca, 5.000. En el otro extremo, el jornal obrero de 1936 era de 2,25 ptas por diez horas, pagado en sellos canjeables en el economato. Fuentes: Aguirre Sorondo (2011); Bustinduy (1894); Gárate (1990); Censo Industrial (1924).
La fábrica de Oria
«Brunet etxea» — Oria, 1890
Sábanas, mantelería y paños de cocina de una fábrica que además tenía un banco — y la sábana de marca era el único renglón que ganaba dinero de verdad.
El banco estaba en el centro de un holding familiar diversificado. El dinero industrial se hacía fuera del banco, en un racimo de empresas que la casa sembró y financió a lo largo de un siglo.
El primer proyecto industrial del Patriarca fue el papel. En 1841 los hermanos Brunet montaron en Tolosa, con los socios Guardamino y Tantonat, «La Esperanza» — la primera fábrica de papel continuo de España, inaugurada en junio de 1842 con el capitán general de Navarra presente; hacia 1851 quedó en propiedad exclusiva de la casa. En 1863 la aportaron a la papelera «Arza, Eizmendi y Compañía» a cambio del 50% de la nueva sociedad —nominal 1.600.000 de 3.200.000 reales— y la vendieron entera en 1877: su mitad, por 250.000 pesetas, todo en metálico. Un detalle que dice mucho: en esos catorce años el edificio no se revalorizó nada — la escritura de 1877 lo tasa en exactamente la misma cifra que la de 1863 (923.000 reales). El dinero de La Esperanza estuvo en explotarla un cuarto de siglo, no en revenderla.
Estaba también el hierro. El ingeniero francés Eduard Fossey se instaló en Lasarte, y en 1858 la casa entró en la comandita «Fossey y Compañía»: Fermín Lasala puso 600.000 reales y Brunet 300.000 —una tercera parte—, ambos al 6%, con Fossey de gestor sin capital. Su hierro ganó medallas en Londres 1862 y París 1867. Al refundarse en 1881 como «Antonio Echeverría y Compañía», la casa mantuvo una posición parecida: 80.000 de 270.000 pesetas, cerca del 30%. Nunca llegó al 50%: ese fue el reparto de La Esperanza; en el hierro los Brunet fueron siempre el socio menor, detrás de Lasala.
Y aún hubo más: la fábrica de vidrio y botellas de Ondarreta, una fábrica de gas, el esparto de Cieza (Murcia) —donde el ingeniero Alfonso Brunet, hijo del Patriarca y padre de Guillermo, hizo su carrera—, la Sociedad del Puerto de Pasajes y, no menos, La Voz de Guipúzcoa, el periódico propio de la familia. La casa tenía el crédito, las fábricas y la prensa que informaba de ellas.
Dejó nueve marcas registradas en la fábrica de Oria entre 1886 y 1898, hoy caducadas y en dominio público: «Lasarte» (nº 1.816) y «Algodón de Nueva Orleans» (nº 1.818), de 1887; «Mefistófeles» (nº 4.566/68/70) y «La Áncora» (nº 4.567/69), de 1894; y «Antílope» (nº 6.716), de 1898.
Los Brunet no solo prestaban y tejían: estuvieron en el centro de las dos instituciones que convirtieron San Sebastián en capital de veraneo —el Gran Casino y la Sociedad de Fomento—, y por partida doble: en persona, poniendo el nombre y la presidencia, y como casa de banca, llevando las cuentas.
El Gran Casino —hoy el Ayuntamiento, sobre la playa de la Concha— fue casi una obra de familia: Ramón Brunet «el de Oria» estuvo en la comisión constructora (1880), José Brunet «el Fotógrafo» fue su fundador y primer presidente (1881), y Guillermo fue vicepresidente. Y detrás de la caja estaba la casa: durante casi tres décadas (1880–1908) Brunet fue el banquero y depositario del Casino — dieciséis balances anuales impresos, que oscilaban ±100.000 pesetas, lo atestiguan.
El Gran Casino de San Sebastián
La Sociedad de Fomento —la sociedad que promovió el turismo donostiarra— se organizó el 9 de marzo de 1902 bajo la presidencia de Manuel Alonso Zabala. Guillermo Brunet entró en el primer consejo por Brunet y Compañía, la presidió después y condujo la construcción del Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia. Luis Gaytán de Ayala también estuvo en el Fomento y la red Brunet–Gaytán mantuvo la presidencia durante décadas.
El dinero de la ciudad — lo que costó, y lo que puso la casa
| La sociedad | Capital social | La aportación Brunet |
|---|---|---|
| Gran Casino de San Sebastián, S.A. constituido en 1881 · edificio de 1887 · hoy el Ayuntamiento |
1.000.000 ptas 2.000 acc. de 500 · luego 1,7 M |
125.000 ptas — el 12,5%. 250 acciones suscritas en 1881 por siete Brunet (José Manuel, Fernando, José y Alfonso, 40 c/u; Francisco, Ramón y Pedro, 30 c/u) |
| Sociedad de Fomento de S.S., S.A. fundada en 1902 · Hotel María Cristina y Teatro Victoria Eugenia, 1912 |
3.000.000 ptas nominales · desembolso a plazos |
Guillermo Brunet, consejero fundador por la banca y luego presidente. El Casino suscribió 1.500.000 ptas nominales: pagó 225.000 en 1902 y 270.000 en 1905–06; en 1922 los 3 M de capital social ya constan íntegramente desembolsados |
El banco de la casa fue depositario del Casino y los avisos originales del Fomento hicieron pagaderos en Brunet y Compañía los cupones 12–15 de 1928–31. Eso prueba agencia bancaria, no la comisión de la casa ni sus acciones. El teatro tuvo presupuesto de 1 M y liquidación municipal de 1.085.736,16 ptas; el coste final del hotel sigue abierto. Dossier corregido: docs/fomento/FOMENTO-COMPLETE-LIFE-1902-PRESENT.md.
La cuenta del Casino en Banca Brunet — dieciséis balances, 1886–1907
de los balances del Casino publicados en la Gaceta de Madrid · arriba: el Casino tenía dinero depositado en Brunet · abajo: el Casino debía a Brunet
El Fomento no arrancó bien. Su primera aventura fue la vieja plaza y los solares de Atocha, San Sebastián. En 1906 ofreció a cada accionista continuar, canjear sus desembolsos por acciones liberadas o cobrar en dos años el 54,81% de las llamadas pagadas. No conocemos las elecciones individuales; el Casino aún llevaba sus 270.000 ptas al 31 de diciembre y el Fomento conservaba solares de Atocha hasta 1911. La recuperación sí es cuantificable: ocho años observados entre 1917 y 1931 suman 44,75 puntos de dividendos, 1.342.500 ptas al nivel de la sociedad.
Los dos monumentos del Fomento, 1912
Prestar, tejer, y también decidir qué se levantaba junto a la playa: la casa era, a la vez, banco de la ciudad y uno de sus urbanistas.
A la casa no le faltaron reconocimientos — de la Corona, del campo de batalla y de la propia reina, que subió a ver el algodón.
Las hidalguías, 1827. La Corona reconoció la hidalguía —la condición de nobleza— a los dos fundadores, los hermanos catalanes de Copons José y Francisco Brunet y Segura. Los comerciantes recién asentados en San Sebastián quedaban, por real gracia, inscritos entre los hidalgos.
Una Cruz de Isabel la Católica, 1838. Un primo del Patriarca, Francisco Brunet Fernández de Arroyave «el Capitán» (1816–1892), capitán de los tiradores movilizados, ganó la Cruz de Isabel la Católica por la toma de Irún de mayo de 1837 — combatiendo junto al general británico Sir George De Lacy Evans y su Legión Auxiliar Británica en la primera guerra carlista. Volvió a los negocios de la casa: fue socio comanditario hasta su muerte (Archivo Histórico Nacional, Estado).
La reina en la fábrica, 1865. En septiembre de 1865 la reina Isabel II visitó la fábrica de Oria acompañada del príncipe, el futuro Alfonso XII: la Corona subiendo en persona hasta la colonia a ver hilar el algodón de los Brunet.
Aviso honesto. La visita de 1865 es la única a Oria que consta en las fuentes (Aguirre Sorondo, sin corroborar en prensa indexada). Las célebres visitas reales a fábricas guipuzcoanas de 1887 fueron a Rentería y Pasajes, no a Oria: no consta un patrón de visitas regias a la fábrica, aunque a veces se dé por hecho.
A todo ello se suma una larga nómina de cargos de representación: cuatro Brunet fueron vicecónsules británicos en San Sebastián a lo largo del siglo (1825, 1837, ~1875 y 1891), el Patriarca fue además agente consular de los Estados Unidos y senador (1872–73), y varios presidieron las grandes instituciones de la ciudad.
Todo esto es una sola línea familiar directa: la fábrica de Oria la dirigió Guillermo Brunet, abuelo de Paloma Luca de Tena Brunet, y el banco era la misma casa.
La línea: Paloma Luca de Tena Brunet ← Catalina Brunet Serrano ← Guillermo Brunet Bingley (director de la fábrica de Oria) ← Alfonso Brunet Bermingham ← José Manuel «el Patriarca» ← José Brunet Segura.