Expediente Brunet · la máquina del dinero
El Banco de San Sebastián (1862–1874): doce años con licencia para imprimir billetes, una crisis mundial sorteada, un decreto que lo mató — y el canje que convirtió su cadáver en sesenta años de renta. El puente entre la fortuna mercantil y la ciudad de la Belle Époque.
Si la historia de la Casa Brunet fuera un mecanismo, el Banco de San Sebastián sería su engranaje central. Antes de él, la fortuna era mercantil: barcos, tabaco, letras, riesgo. Después de él — y del canje de 1874 — fue rentista: un cupón del Banco de España cada año durante seis décadas. Ese cupón es el que pagó la paciencia, y la paciencia es la que pudo permitirse construir hoteles y teatros que «no estaban destinados a enriquecer a nadie». La tesis de este expediente: sin el banco emisor de 1862, no hay Belle Époque brunetiana en 1902.
La ley de bancos de emisión de 1856 permitió un banco emisor por plaza. San Sebastián — puerto, aduana, capital desde 1854 — tardó en usarlo: su banco se constituyó en 1862, con 2.000 acciones, de las cuales 178 en manos de ocho accionistas Brunet — la mayor posición familiar identificada —, y con parentela en la máquina: el contador de 1862–66 fue Manuel de Bermingham, de la familia de la Patriarca consorte. Su privilegio: emitir billetes propios pagaderos al portador, respaldados por el metálico de su caja. Su obligación: publicar en la Gaceta de Madrid el estado mensual de situación. Gracias a esa obligación, su vida entera es reconstruible hoy — este expediente ha extraído y verificado 13 de sus ~85 estados, cinco de ellos comprobados por suma cruzada al céntimo.
Pocas empresas han vivido doce años más densos. El banco nació en la resaca del gran boom ferroviario y murió financiando —por decreto— una guerra civil que se libraba ante las murallas de su propia ciudad:
Léase entonces el canje en su verdad histórica: al aceptar acciones del Banco de España en 1874, los Brunet tomaban participación en el préstamo de guerra contra el ejército que sitiaba su propia ciudad — la vieja doctrina de la casa (financiar al soberano liberal en cada guerra carlista, 1833 y 1872) elevada a su forma definitiva: ya no una letra contra la Diputación, sino capital permanente del banco del Estado. Un año después, la casa del vicecónsul — la de su hijo José — recibía un obús carlista.
Tres líneas cuentan el carácter del banco: el metálico en caja (azul), los billetes en circulación (dorado) y la cartera de crédito (rojo). Millones de reales de vellón; sombreada, la crisis de 1866:
Mayo de 1866: quiebra Overend & Gurney en Londres y la onda arrasa el crédito europeo; en España caen las sociedades de crédito y los bancos ferroviarios — la generación de bancos nacida del boom de los 50 muere casi entera. El Banco de San Sebastián atraviesa el incendio sobre-reservado y con los depósitos subiendo. No es brillantez especulativa: es la vieja doctrina de la casa (liquidez primero, soberano segundo, crédito tercero) aplicada con disciplina de relojero. En retrospectiva, aquel exceso de reservas lo dejaba, además, perfectamente presentable para ser absorbido: un banco limpio, líquido y aburrido — exactamente lo que el Banco de España querría comprar.
El banco dejó de gacetar sus estados tras noviembre de 1873 — el silencio pre-fusión, con la segunda guerra carlista cercando otra vez la ciudad. El 19 de marzo de 1874, el decreto Echegaray dio al Banco de España el monopolio de emisión y puso a cada emisor provincial ante el tenedor: liquidarse en efectivo, en plena crisis, o canjear a la par sus acciones por las del nuevo monopolista (tramo autorizado ≤28M; Castañeda, EHE 41). El Banco de San Sebastián se fusionó. Doce años de vida: nació con la capitalidad, murió con la peseta única.
¿Cuánto dinero es, en pesetas contantes, «el canje maestro»? El expediente permite un modelo honesto con una sola hipótesis central: que el canje a la par convirtió la posición familiar del BSS — 178 de 2.000 acciones (8,9%) — en nominal equivalente del Banco de España (acciones de 500 ptas). Todo lo demás son series documentadas (dividendos INE 1879–1922; cotizaciones % de par).
La respuesta a la pregunta del Fomento: los dividendos del canje acumulados hasta 1902 cubrían por sí solos varias veces cualquier participación fundacional plausible de la familia en el Fomento — una sociedad cívica de dividendo casi nulo — y para 1912, año del María Cristina, el goteo seguía a ~19.000 ptas anuales. No es que el Fomento se pagara con los cupones del BdE peseta a peseta (el dinero no lleva etiqueta); es que una casa con ese cupón perpetuo podía inmovilizar capital cívico sin despeinarse. La cadena causal BSS → canje → renta → Belle Époque es, cuantitativamente, sólida.
¿Qué era, en la economía doméstica de la casa, un cupón de ~19.300 ptas al año? El expediente permite ponerlo al lado de cada fuente de ingreso sobre la que tenemos claridad — y de los sueldos de la España de la Restauración:
La lectura correcta no es que el cupón fuera la mayor cifra — en años buenos, el beneficio del banco la superaba —, sino que era la única grande que no dependía de nada: ni de la plaza, ni de las cosechas, ni de la guerra, ni del talento de la generación de turno. Beneficio bancario: variable, reinvertido, correlacionado con San Sebastián. Emolumentos de Oria: trabajo. Rentas: gestión. El cupón: llegaba solo. Era, exactamente, lo que un patriarca querría legar: el sueldo que no se puede despedir. Y da la medida social del canje: la renta pasiva de la familia equivalía a dos tercios de un ministro — cada año, durante medio siglo.
Aquí se cierra el argumento del expediente. La renta del canje — segura, anual, sin gestión — es la que hizo posible el tipo de capitalismo que la tercera y cuarta generación practicaron: la refundación de 1901 con 4 millones, y sobre todo el Fomento de San Sebastián (1902), la sociedad «fundada sobre la iniciativa de construir el mejor hotel y el más suntuoso teatro» — el María Cristina y el Victoria Eugenia — «que nunca estuvo destinada a enriquecer a nadie». Una familia que vive de cupones del emisor nacional puede permitirse que su capital cívico rinda el 2%. Los balances del CSB de 1931 son la radiografía final del mismo gen: medio balance en valores y caja, 4,4M en fondos públicos. El banco emisor duró doce años; su manera de entender el dinero, ochenta.
En 1909 nació en la ciudad otro Banco de San Sebastián — sociedad anónima federada con el Hispano, sin continuidad jurídica con el emisor de 1862. La familia tampoco le fue ajena: su vicepresidente fue Luis Gaytán de Ayala, socio principal de la propia casa-banca, y José Manuel Brunet Serrano (G5) fue vocal en 1937 y 1945. Por eso las listas de 1929 muestran, sin contradicción, colectas «en el Banco de San Sebastián» y «en la Casa Brunet y Compañía»: son dos entidades. Dos bancos con el mismo nombre, tres generaciones aparte — una trampa de homónimos institucional, ya fichada en el nomenclátor.
Fuentes: Gaceta de Madrid, estados mensuales 1862–1873 (13 extraídos, 5 verificados por suma cruzada; erratum de II-1864 señalado); INE, «Dividendos repartidos a los accionistas del Banco de España 1878–1929», Anuario 1929; Castañeda, EHE 41 (el decreto de 1874 y el tramo de canje); Anuario Riu 1919/1921 (el homónimo de 1909 y el Fomento); Gárate Ojanguren, BEHSS 24 (1990); CSB, Boletines 1931–33. Los gráficos de este documento están dibujados exclusivamente con los 13 estados extraídos — donde el registro tiene un hueco, el gráfico también. Compañeros: El Patriarca, Casa Brunet, siglo y medio (§III), La Belle Époque, El último día de la casa. Compilado julio 2026, Expediente Brunet.